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Monday, June 20, 2011

Quijoteando...





Ladran Sancho, 
señal que cabalgamos...

Miguel de Cervantes

Monday, May 2, 2011

En este mundo...

 

 
En este mundo hay tan poquitas cosas
capaces de endulzarle a uno la vida /
digamos la esperanza amanecida
o la lluvia que brilla en las baldosas
 
me gusta la constancia de las rosas
que nunca dan su espina por perdida
y también la tristeza repetida
de las palmas tan solas y orgullosas
 
pero no hay nada tan profundo y leve
como el alma y el vértigo y los labios
de esa mujer que al verla nos conmueve
 
para ser alguien entre cielo y suelo
y salvarse del odio y sus resabios
nada como el amor y su consuelo
 
Mario Benedetti 


 

Monday, April 11, 2011

La cultura del terror...

Pedro Algorta, abogado, me mostró el gordo expediente
del asesinato de dos mujeres. El doble crimen había sido
a cuchillo, a fines de 1982, en un suburbio de Montevideo.

La acusada, Alma Di Agosto, había confesado. Llevaba
presa más de un año; y parecía condenada a pudrirse de
por vida en la cárcel.Según es costumbre, los policías la
habían violado y la habían torturado. Al cabo de un mes
de continuas palizas, le habían arrancado varias confesiones.


Las confesiones de Alma Di Agosto no se parecían mucho
entre sí, como si ella hubiera cometido el asesinato de muy
diversas maneras. En cada confesión había personajes
diferentes, pintorescos fantasmas sin nombre ni domicilio,
porque la picana eléctrica convierte a cualquiera en fecundo
novelista; y en todos los casos la autora demostraba tener la
agilidad de una atleta olímpica, los músculos de una
fuerzuda de feria y la destreza de una matadora profesional.

Pero lo que más sorprendía era el lujo de detalles:
en cada confesión, la acusada describía con precisión
milimétrica ropas, gestos, escenarios, situaciones, objetos...


Alma Di Agosto era ciega.


Sus vecinos, que la conocían y la querían, estaban convencidos
de que ella era culpable:
--¿Por qué? --preguntó el abogado.
--Porque lo dicen los diarios.
--Pero los diarios mienten --dijo el abogado.
--Es que también lo dice la radio --explicaron los vecinos
-- ¡Y la tele!


Eduardo Galeano
"El libro de los abrazos"
Siglo XXI, 1989






Monday, April 4, 2011

¿Qué es la verdad?

El día 30 de enero de 2001 leí la siguiente noticia en el diario español “La Vanguardia”:


¿Cuál es la verdad? El presidente del tribunal, Josep Maria Pijoan, debería averiguar cuál de las versiones de estupro ofrecidas por la víctima, la niña J. de 11 años de edad, era la más próxima a la realidad. Los abogados que asistían al interrogatorio no confiaban en que ella consiguiera evitar las contradicciones en su declaración.


En cierto momento, el juez le hizo una pregunta de carácter casi filosófico:
- ¿Qué es la verdad? ¿Es aquello que te imaginas o lo que te pidieron que me contaras?


La niña se detuvo un momento, pero enseguida respondió:
- La verdad es el daño que me hicieron...




Paulo Coelho



Monday, March 14, 2011

Celebración de la Amistad...

En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.

En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
-Llave, por llave -me dice Mario Benedetti.

Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.

 

Eduardo Galeano
"El libro de los abrazos"



Saturday, February 12, 2011

Preguntas sin respuesta...

"A menudo me he preguntado, como miles de otros...,
si hice bien en escapar de mi país durante la dictadura,
si tenía derecho a desarraigar a mis hijos y arrastar(los)...
a un futuro incierto en un país extranjero, o si hubiera
sido preferible quedarnos tratando de pasar desapercibidos,
pero esas preguntas no tienen respuesta. Las cosas se dieron
inexorablemente, como en las tragedias griegas; la fatalidad
estaba ante mis ojos, pero no pude evitar los pasos que
conducían a ella..."


Isabel Allende
"Paula"





Monday, November 1, 2010

Ser persona...


Gracias, Max y ¡feliz cumpleaños!



Pero no éramos cosas. A las cosas se las evalúa porque son del mercado, se compran se venden, sirven para algo y terminan traduciéndose en pesos o en dólares.

Nosotros éramos personas, también nos evaluábamos porque no podemos dejar de ser cuerpos, altos, bajos, vizcos, de piel grasosa, de cabello lacio, de ojos azules, de orejas chiquitas, de calzado cuarenta y dos, de talle ajustado, de tobillos gruesos…

Pero en última instancia se produce la valoración del otro, en calidad de persona, me gusta o no me gusta, me atrae o no me atrae, quiero estar con ella otra vez o no quiero volver a verla jamás.

Eso que está allí pero, sin embargo, no es el cuerpo, los aritos, ni el busto: todo eso y más que eso, es una persona.

Está el individuo y está la persona. La persona es la portadora de valores .El individuo puede ser feo. La persona, en cambio, puede ser una bella persona.

Nosotros nos seguimos viendo largas semanas.

Nos peleamos , discutimos, nos dijimos más de una frase ofensiva, pero nos necesitábamos. La persona necesita a la persona. Ese valor se llama afecto, amor. No es un negocio manejado por la inteligencia (y cuando lo es,lamentablemente de amor no tiene nada) según el cual “ me conviene “ ligarme a ti ). No, es un valor que el pueblo expresa diciendo: “contigo pan y cebolla”.

Te necesitaba. Pensaba en ti. Soñaba contigo. Con nuestra unión. Te deseaba. No tu cuerpo. Nunca se desea un cuerpo. El cuerpo es un pretexto para el deseo. Te deseaba a ti, persona. El sexo puede desahogarse del mil maneras en miles de cuerpos, y no dejar huellas.

Como dice Salomón el rey sabio, hay cuatro cosas que no son y tres que no alcanzo a captar:

- el camino del águila en el cielo.

- el camino de la serpiente en la roca.

- el camino del barco en alta mar.

- y el camino del varón en la mujer.


Huellas, todos los seres dejan huellas en el camino que se borran, o desdibujan. Pero las huellas de un hombre en una mujer no están afuera, no se dibujan; están adentro, en el sentimiento, en el sentido, en el valor.

En la memoria está el valor de ese encuentro.

Ni cuerpos ni almas, personas y valores.

Jaime Barylko



Saturday, October 30, 2010

Cuando me haya ido...



...Un día me iré sin haberte conocido nunca. Recordarás entonces mis ojos grandes, oscuros. Mis silenciosos reproches. Mis gemidos de angustia al dormir. Mis pesadillas que eres incapaz de conjurar. Recordarás todo eso cuando me haya ido...


Arturo Pérez-Reverte
El Club Dumas

Sunday, October 10, 2010

Ninguna eternidad como la mía...




- ¿Adónde te vas cuando bailas como si te perdieras? -le preguntó Corzas a las tres de la mañana del sábado.
- A la gloria -dijo Isabel evocadora.
- ¿Y qué tienes conmigo?
- Todo.
- Qué terca eres, Isabel -dijo Corzas-. Déjame ir. Sálvate de mi.
- Métete aquí y no molestes -dijo Isabel llamándolo a la cama. Habían bebido de más y de más también se quisieron esa noche. Cuando por fin el cansancio los adormeció a uno en el otro, un gallo de pueblo cantó en mitad de la ciudad y los pájaros empezaron su alboroto como si nada.


Isabel despertó por ahí de las doce con el sol picándole los ojos. Encontró vacío el otro lado de la cama. Se acurrucó diciéndose que Corzas había bajado a la calle por el periódico. Pero tras media hora de espera, un susto le picó el ceño. Se levantó de un salto y caminó hacia la mesa en que Corzas acostumbraba pasar horas leyendo. Le soprendió un orden que no había el día anterior. No estaba el tiradero de libros y cuadernos de Corzas. En su lugar sólo había una caja de madera de olinalá. Isabel la abrió con más curiosidad que aprensión. Dentro encontró un pañuelo de colores que le habían comprado a una gitana el día que les predijo largos años de amor y felicidad, dos servilletas en las que Corzas le había escrito poemas, el programa del concierto en que estuvieron el viernes, un pedazo de pared desprendido del muro de una capilla colonial cuando se besaban recargándose en él, dos caramelos. Y una carta de Corzas pidiéndole perdón por irse sin ella.


Isabel la leyó sin llorar una lágrima. Luego, se lavó la cara. Peinó sus cabellos en desorden, cargó la caja y salió del cuarto como quien deja el cielo.


Llegó a la casa de Prudencia Migoya por ahí a las tres de la tarde y la encontró comiendo a solas en una mesa con platos y cubiertos para una persona más.


- ¿Esperas a alguien? -le preguntó Isabel.
- A ti, mi diablo -dijo ella con una sonrisa grande como una beneficencia pública.
- Podría yo suicidarme.
- Si ese final merece tu historia -contestó Prudencia Migoya.
- ¿Y cuál otro? -preguntó Isabel, dejando que unas lágrimas gordas le cruzaran la cara.
- Yo diría que quien ha merecido la dicha puede soportar la desgracia, y que toda emoción santifica.
- Yo no quiero santificarme -dijo Isabel derrotada.
- Pero quisiste el cielo. No hay cielo eterno. Ahora tienes que soportar el desfalco de perderlo. Pero la tierra también tiene sus encantos. Te voy a dar una probadita de alguno.


Prudencia Migoya se levantó a calentar una sopa de hongos y flores de calabaza. La puso frente al duelo de Isabel con una cesta de tortillas y un cazo de salsa verde.


- No llores y come un poco. No voy a dejar que te suicides de hambre. Te queda mucho por vivir.
- Tengo ganas de morirme -dijo Isabel empujando la sopa.
- Con que tengas ganas de algo -le contestó Prudencia acercándole la cuchara a los labios.


Isabel probó un poco de caldo y luego volvió a llorar durante los dos meses que siguieron a esa tarde. Lloraba camino a las clases y llorando bailaba todas las horas de su rutina diaria. Llorando comía uno que otro bocado de los muchos que Prudencia Migoya le acercó a la boca, llorando se iba a dormir y dormida soñó que lloraba.


- Mientras baile así, aunque llore -dijo Madame Giron, sin mostrar piedad.


Prudencia en cambio la consentía hasta llegar al extremo de cantarle en las noches para que se durmiera.


- No hay como un arcoiris cuando llueve -dijo una tarde abrazándola. Luego empezó a planear una excursión hasta el pueblo de Amecameca en las faldas de los volcanes.


Isabel fue con ella como iba a todas partes, sonámbula y hermosa, llorando.


- Parecen eternos -dijo tras una hora de contemplar los volcanes en silencio.
- Son lo más cercano a la eternidad que conocemos -dijo Prudencia -. Ni tus lágrimas van a durar tanto.
- Ni mis lágrimas -aceptó Isabel. Había dejado de llorar hacía una hora -. Espero que ningún desamor sea tan largo. Pero mi breve paso por el cielo, ese sí duró tantísimo. Tengo a estos volcanes de testigos. Ninguna eternidad como la mía.



Angeles Mastreta
"Ninguna eternidad como la mía"



Monday, June 7, 2010

Lluvia para un florero...

Esta tarde llovieron recuerdos como nunca. Le llovieron torrencialmente dentro de su propia casa. Algunos eran anunciados con truenos, rayos y centellas. Otros llovieron con menos ruido y con menos electricidad.

Se acostó, se levantó, hizo café que no tomó... Quiso leer, quiso mirar una película, quiso ordenar placares... y no pudo hacer nada en medio de esa lluvia torrencial. Parecía que el techo se iba a venir abajo. Parecía que en cualquier momento empezarían las inundaciones.

Todos los recuerdos de esa lluvia venían con los ojos y la voz de él.

Venían con su risa y con esas maneras que él tenía de hacerle sentir que esas rosas las había ido a buscar a El Cairo para ella.

Venían con esos resplandores que él tenía en los ojos cuando pasaban muchos días sin verse y llegaba a cualquier hora de la noche porque la extrañaba.

Los recuerdos seguían lloviendo solos y ella no sabía qué hacer con tanta agua. No sabía qué hacer con esa laguna en el dormitorio, ni con esos charcos en el living.

La última vez, se habían despedido para siempre. No tenía sentido eso de verse cada tanto. No tenían sentido esas rosas de El Cairo, si después se deshojaban sin que él las viera. No tenía sentido que ella lo esperara por las dudas.

Después de esa última vez, fue que empezó a desatarse esta tormenta.
Esta lluvia impresionante que no paraba con nada. No paraba ni con una danza mágica.

En medio de truenos y relámpagos sonó el teléfono. Saltó de la cama y cruzó la laguna del dormitorio con el agua hasta la cintura, cruzó los charcos del living y llegó al teléfono y al florero vacío. Quiso disimular todo lo que estaba pasando dentro de su propia casa, pero no pudo. Del otro lado de la tormenta, él decía que escuchaba perfectamente el ruido de la lluvia sobre la mesa del teléfono. Se quedaron un rato en silencio y la lluvia no sabía que hacer.

Él le dijo que después de la lluvia siempre sale el sol. Le dijo que no hay tormenta que dure cien años. Le dijo que iba para allí, porque su casa estaba muchísimo más inundada que la de ella.

Él colgó y ella abrió las ventanas. Hizo café de nuevo, (el de antes parecía jugo de paraguas). Después se pintó un poco los labios. No quería tener una sonrisa tan aguada cuando él llegara. Miró por toda la casa y vio que los charcos y la laguna se iban evaporando a toda velocidad.

Antes que él llegara, el agua se había ido de todas partes, menos del florero. A ella le pareció bien que así fuera.

No es lo mismo poner rosas de El Cairo en agua de la canilla, que ponerlas en agua de una lluvia como esa.

Lía Schenk


Monday, April 19, 2010

Cambiando los chips...

Lo recibí por correo electrónico y lo puse en práctica ¡qué bien me ha sentado hacerlo y cuánto agradezco haber recibido ese correo!

Es una técnica facilita para cambiarnos los chips errados: pensamientos negativos, juicios apresurados (que en el 90% de los casos son errados), pesos muertos que llevamos en el alma y que nos impiden volar... Osho nos da una Llave Maestra para deshacernos de ellos... ¡y solo hay que exhalar! ;)

De corazón deseo que les sirva tanto como a mi


 



Siempre que quieras cambiar un patrón de la mente que
se ha convertido en un hábito duradero, la respiración es
lo mejor.

Todos los hábitos mentales están asociados con el patrón
de respiración.

Cambia el patrón de respiración y la mente cambiará
inmediatamente, instantáneamente. ¡Inténtalo!

Siempre que observes que esté surgiendo en ti un juicio
y que estés cayendo en un viejo hábito, exhala inmediatamente,
como si estuvieras tirando el juicio con la exhalación.

Exhala profundamente, jalando el estómago y, conforme sacas
el aire, siente o visualiza cómo todo el juicio está siendo expelido.

Después inhala profundamente dos o tres veces.
Simplemente ve qué pasa.

Sentirás una frescura completa; el viejo hábito no habrá logrado
tomar posesión.

Comienza con la exhalación, no con la inhalación.
Cuando quieras absorber algo, empieza con la inhalación; cuando
quieras deshacerte de algo, comienza con la exhalación.

Sólo mira la manera inmediata en que es afectada la mente.
Inmediatamente verás que ésta se ha movido a otro lugar; ha
llegado una nueva brisa.

No te encuentras en la vieja rutina así que no repetirás el viejo hábito.

Esto sucede con todos los hábitos.

Por ejemplo, si fumas y sientes la necesidad de fumar pero no quieres,
inmediatamente exhala profundamente y expele la necesidad.

Respira profundamente y verás que la necesidad ha desaparecido
de manera inmediata.

Esta puede convertirse en una herramienta sumamente importante
para el cambio interno.


Osho
Tónico para el alma



Monday, February 8, 2010

Adentro...

Me ha dicho que le duele el aire, que la sangre quema sus venas, y que su cama es de alfileres, porque perdió a la mujer que ama en alguna de las vueltas del camino y no hay mapa que le diga dónde hallarla. La busca por la corteza de la geografía sin concederse un minuto de tregua ni de perdón, y sin darse cuenta de que no es afuera donde está, sino adentro, metida en su fiebre, presente en los objetos que toca, asomada a los ojos de cada desconocido que se le acerca...


"La multitud errante"
Anagrama, 2003

Sunday, November 15, 2009

Una de dos...


Lucía miró a su marido dormitar en un sillón. Despertaba a ratos, la miraba y sonreía como desde otro mundo. En una de esas pestañeadas ella le dijo con toda suavidad:

-¿Sabes? Cuando uno de los dos se muera yo me voy a ir a Italia.


Ángeles Mastretta
"Maridos"
Ed. Seix Barral, 2007

Monday, October 26, 2009

Ser o no ser...

Bucay es un autor que me gusta leer cuando tengo los engranajes de mi alma a todo vapor. Siempre me da una respuesta, siempre me recrea vivencias tan universales y tan comunes a todos que, a veces, me espanto leyéndolo y pensando a la vez: "¿Será que este gordito me sabe algo?".

Este texto lo publiqué en los inicios de Azules, cuando solo yo me leía y no aspiraba ni de lejos a tener tantas visitas y a conocer a personas tan maravillosas, así que lo rescato y se los dejo nuevamente, seguramente no los dejará indiferentes...












-Y este es tu cuento, Demián -siguió el gordo-. Cuando no tenés registro de tu dependencia frente a la mirada de los otros, vivís temblando frente al posible abandono de los demás que, como todos, aprendiste a temer.

Y el precio para no temer es acatar, es ser lo que los demás, "que tanto nos quieren", nos presionan a ser, nos presionan a hacer y nos presionan a pensar.

Si tenés "la suerte" del personaje de Papini y el mundo, en algún momento, te da la espalda, no tendrás más remedio que darte cuenta de lo estéril de tu lucha.

Pero si no sucede así,
si tenés la desdicha de ser aceptado u halagado,
entonces...
estás abandonado a tu propia
conciencia de libertad,
estás forzado a decidir:
acatamiento o soledad;
estás atrapado entre ser lo que debes ser
o no ser nada para nadie.
Y de allí en más...
podrás ser,
pero sólo, solo y sólo para vos.

Jorge Bucay
"Recuentos para Demián"
(En España se llama "Déjame que te cuente")



Monday, October 19, 2009

El mundo iluminado...

Una amiga de mi madre, monja desde hace cincuenta años, la visita un tiempo durante las primaveras, con la sonrisa infantil y el espíritu audaz de quienes todos los días le descubren un prodigio a su destino. Hace unos años, tuvo un accidente que la hubiera dejado paralítica de por vida, si su empeño no la pone a luchar con toda clase de aparatos y terapias hasta conseguir moverse despacio, apoyada en un bastón y en el deseo ingobernable de bastarse a sí misma. El mes pasado llamó desde el convento en que vive y yo, que no pude resistirme a escucharla por el otro teléfono, la oí responder a la pregunta de mi madre interesada en saber de su salud y su estado de ánimo: ¿Cómo he de estar? La vida es una fiesta.

Con semejante axioma como tesoro, dejé de oír la conversación y me senté en el suelo tibio y las plantas del patio que mi madre metió a su casa como quien mete un pedazo de convento sevillano. Estuve ahí un rato, sintiendo a los niños jugar con el perro, mirándome los pies y contándome las venitas lilas que a las mujeres de mi familia les proliferan en las piernas después de cierta edad. "Así se empieza", me dejé pensar. Un pedazo de sol entraba por el hoyo en el cielo que ilumina el patio y todo, hasta el aire ardiendo del mayo sin lluvias, me resultó sosegado y hospitalario como debe ser siempre la vida.

Cuando quiere elogiarme, la antropóloga Guzmán, antes mi madre, elogia la sabiduría con que elijo a mis amigas. Ese día me tocó devolverle el piropo. Al terminar su conversación con Aura Zafra me sorprendió divagando en su patio, y antes de oír su mirada de ¿qué haces ahí perdiendo el tiempo?, le dije:

- Cualquiera pensaría que su respuesta es la de una corista en mitad de un espectáculo.

´Así es Aura - contestó ella.

- Es una maravilla.

Medio coja, medio vieja, medio pobre, medio encerrada, y nada tonta, esa mujer considera que la vida es una fiesta, quiere decir lo obvio, que tiene la fiesta dentro que se busca razones para retenerla.

¿Qué cantidad de trabajo y talento habrá que dedicarle a ese empeño? Llegar a los sententa y un años dispuesta a hacer la misma declaración. Vivir en los cuarenta y cinco o en los setenta, sin cederle terreno al tedio y la desesperanza.

- ¿Cómo le hace? - le pregunté a la antropóloga.

- Dice que abriendo ventanas - contestó mi madre.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Cuando se lo pregunté me contestó que lo pensara yo - dijo la antropóloga.


Ángeles Mastretta
"El mundo iluminado"
Alfaguara, 1999

Monday, October 12, 2009

Mujer que busca Amor...

Había una vez una mujer que buscaba el amor. Lo buscaba de un lado a otro de la vida averiguando sus paraderos y preguntando por sus maneras. Lo buscaba intensamente.

Se ponía su piel y sus tocados de mujer y salía a buscarlo inventando baladas en los anocheceres y valses en las medias noches.

Se ponía sus mejores ojos y sus mejores labios y salía a buscarlo con caricias que después quedaban por ahí como palomas mojadas.

Ella y el amor se desencontraban siempre.Ella iba y él venía. Ella andaba por la selva y el amor por el desierto. Ella en el desierto y el amor en las alturas.
Ella en las orillas de arena y el amor dando vueltas por el Obelisco.

Lo buscaba en los puentes, en los túneles, en las avenidas, en los caminos de tierra. Todo un itinerario de búsquedas con líneas rectas y curvas que se fueron agregando a las líneas de sus manos.

A veces salía a buscarlo con herraduras de siete clavos.
A veces con la rosa de los vientos mojada en agua de rosa mosqueta.
Otras veces con tréboles de cuatro hojas latiendo en la mitad del pecho.

Creyó encontrarlo en los halls de los cines, en los museos, en los aeropuertos, en los bares, pero sólo fueron señales equivocadas. Ilusiones de los ojos. Encantamiento de los labios.

Un día dejo de buscarlo.
Guardó las herraduras y los tréboles en los cajones.
Dejó que la rosa de los vientos se fuera con el viento del sur y salió a la vida por otra puerta.

Caminó de un lado a otro tratando de saber cómo eran esos caminos. Cómo era caminar sin buscar el amor. Sin esperarlo. Ir por la vida sin el reloj de los desencuentros. Andar con cada cosa en su lugar.El corazón cumpliendo sus latidos y los ojos cumpliendo sus miradas. Andar así era un alivio de cuatro hojas.

Una tarde volvía de cualquier lado, caminando como si el paraíso pasara por esa calle. Iba como en el aire, pensando en cualquier cosa florecida. Iba con el reloj en ninguna hora y el corazón en ninguna espera.

Caminando así dobló la esquina y ahí estaba el amor.

Ahí estaba, esperándola con un aire de selvas y de océanos, en medio del ruido de los autos y de los semáforos florecidos.

Ahí estaba, con esa pluma de paloma en la solapa.

Con ese ramito de lavanda que no se había marchitado aunque ella hubiera demorado tanto tiempo en llegar.

Lía Schenk

Wednesday, July 1, 2009

Porque sentir siempre es preferible...



Entre la pena y la nada,
elijo la pena...

William Faulkner
"Las palmeras salvajes"

Wednesday, June 17, 2009

La chica del puente...

- ¿Cómo se imagina el futuro, Adele?

- No lo he pensado... Cuando era pequeña sólo deseaba una cosa: crecer. Quería que todo sucediera deprisa, pero ahora no sé para qué ha servido todo esto. No sé para qué. Hacerme mayor. El futuro es... es como una gran sala de espera, como una gran estación con bancos y corrientes de aire, y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes, o taxis. Tienen un sitio a donde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada, esperando.

- ¿Qué espera, Adele?

- Que me ocurra algo.

Patrice Leconte
La chica del puente

Monday, May 18, 2009

Hasta siempre, Don Mario...

Desde Arriba...

Trepo por la escalera
peldaño tras destino
destino tras peldaño

asciendo lentamente
dosificando alarmas
midiéndome los vértigos

del mal de las alturas
todos saben ...... nadie habla
del bien de las alturas

desde aquí puedo ver
los prados y las calvas
las olas y los pésames

veletas y lealtades
gárgolas y dobleces
las libres azoteas

escalo por la escala
de servicio o de urgencia
de incendio o de socorro

peldaño tras destino
destino tras peldaño
inexorablemente

abajo hay miles de ojos
que contemplan e ignoran
cuándo cómo ni dónde

termina la escalera
y acaba mi avidez
o empieza mi agonía

Mario Benedetti

Inventario Dos

Wednesday, May 13, 2009

De los Amores Negados...

Era el mes de los vientos y en Garmendia del Viento ya sabían lo que era. Llovería a cántaros. Lloverían hasta novios, le decía su mamá cuando era niña, y Fiamma se lo creía y miraba al cielo, imaginando cientos de chicos que caían desde arriba con los brazos abiertos, volando como gaviotas inciertas desconocedoras inocentes de su destino. Pensaba que debía existir un chico para cada chica, y el de ella tendría que ser el mejor. ¡Qué ingenuidad tan bella la del niño! Ahora le gustaría volver a creer. Sabía que cada vez creía menos. Tantas historias vividas a través de sus pacientes le estaban endureciendo el corazón... le habían ido matando los sentires. ¿Cuánto tiempo hacía que ella no sentía? Las lágrimas se le habían ido secando, y no había cosa peor que perder las lágrimas; porque las lágrimas lavan; porque cuando se pierden las lágrimas se va perdiendo la tristeza, y al perder la tristeza se pierde el camino que lleva a la alegría, a la dicha de saberse vivo y vivido.





Ángela Becerra
"De los amores negados"
Premio Latin Literary Award 2004
de la Feria del Libro de Chicago