Los domingos le hacen algo a la piel. Felpudo del lunes, el cuerpo se agazapa para enfrentar el principio. O descansa, o llora el final. Nada es lo mismo si sucede un domingo. Es más rica la carne, más sabrosos los ravioles, más dulce la cama, más bello el amor, más lindos los amigos, más oceánico el mar, más carcajadas las risas. El domingo tiene una lupa sobre cada una de sus horas. Tiene un corazón aparte que late sus propios latidos. Ay, domingo, que inmoviliza la ciudad, detiene los autos, sube las radios AM, llena las plazas y enciende chimeneas. Y todavía no entendimos lo mejor, creo. El domingo es un hombrecito tímido, que es el primero pero ríe mejor. Cuando sepamos en el alma que el domingo empieza la historia de nuestros siete días, el lunes dolerá menos, los martes habrá de verdad orquídeas, los miércoles iniciarán la cuenta regresiva, el jueves no pasará nada, el viernes deshojaremos margaritas, el sábado respiraremos hondo un oxígeno de colores, que exhalaremos el siguiente domingo con un tinto en una mano, y la vida plena en la otra.
Mercedes Reincke
* El texto me lo traje de aquí * En la foto Isabella y Lola, dos que sí saben pasarse domingos re-felices :)
Es increíble a dónde te pueden llevar unos acordes, una voz... Quizás no haya rostros definidos, ni una situación concreta, pero de entre las notas surgen olores, luces, sonidos, emociones...
"Y si en sueños pudiera volar,
yo llegaría hasta ti,
para entonces hacerte escuchar
lo que nunca te pude decir..."
(Canción para ti, del venezolano Frank Quintero)
¿Por qué no decimos lo que sentimos en el momento que el arcoiris nos inunda por dentro? ¿Por qué hay que esperar a darnos cuenta de que el enorme reloj de arena, marchando inconmovible, dejó atrás momentos que pudieron ser preciosos y los silenció nuestra parálisis?
No me arrepiento de las cosas que he hecho y conste que he cometido errores enormísimos, pero es lo que hay y no queda de otra más que seguir aprendiendo de las patas metidas... De lo único que me arrepiento es de no haber dicho eso que no pude o no supe decir cuando había llegado el momento de soltar los sentimientos, para que viajaran hacia esas personas que han sido -y son- importantes para mi, y que no lo saben -no del todo- porque no se los dije cuando llegó el momento... Por eso ahora no me callo los "te quiero", ni los "me importas"...