Monday, February 1, 2010

Religión, moral y pena de muerte


Por Gazir Sued / Escritor puertorriqueño

Nada extraña que entre los políticos, desestabilizados emocionalmente, algunos imaginen la pena de muerte como disuasivo efectivo para enfrentar la criminalidad, y fantaseen con la idea de reinstalarla como derecho penal en nuestra Constitución. Sus razonamientos siempre han evidenciado más ignorancia y pereza intelectual que conocimiento sobre el tema. Lo preocupante, sin embargo, es que un ex-presidente de la Universidad de Puerto Rico haga un llamamiento a su favor, y que entre sus razones recuerde que la Biblia está llena de alusiones a un Dios que avala la pena de muerte.

Cierto es que, aunque no cuenta con respaldo racional o científico significativo, la pena de muerte sí encuentra fundamentos teológicos en las sagradas escrituras. Y es que la Biblia no es fuente de inspiración para las sociedades democráticas modernas; ni un manual de preceptos morales apropiado para educar a nuestros niños, o moldear la conducta civilizada de la ciudadanía. Es, en gran parte, un catálogo de perversiones morales que incita a la crueldad, y con prejuicios y supersticiones legitima sus violencias.

Sin extrañeza, reservas o remordimientos, hay quienes creen que su contenido debe ser interpretado literalmente, como palabra revelada de Dios; una transcripción inequívoca de su voluntad, paradójicamente amorosa y piadosa, vengativa e inmisericorde. El mandamiento “No matarás” es de orden inferior al «Amarás a Dios sobre todas las cosas». Así, prohibirían, condenarían y castigarían mortalmente cualquier otra fe; y quien trabajase el séptimo día (consagrado al Señor) «será condenado a muerte». (Éxodo 35:2)

Estas enseñanzas, «valederas para todos los tiempos», consideran abominable la homosexualidad y condenan a muerte a sus practicantes (Levítico 20:13); animan el maltrato a menores: «Si un hijo obstinado y rebelde, no escucha a su padre ni a su madre, ni los obedece cuando lo disciplinan (…) lo apedrearán hasta matarlo». (Deut.21:18); y promueven la violencia contra la mujer: «Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven (…) la apedrearán los hombres (…) y morirá…» (Deut.22:13-21)

Quizá, entre las ficciones literarias que constituyen la Biblia, Dios no sea más que el efecto de la imaginación sádica de sus inventores. Ojalá que nunca se haga Su voluntad en la tierra, ni se conviertan en ley los retorcidos deseos de sus más fieles seguidores...

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El Instituto de Estudios Hostosianos, ¡protestemos!


Por Marcos Reyes Dávila / Profesor universitario

En Puerto Rico, como en casi todas las latitudes, la suerte de las instituciones depende en medida considerable de su fundador o de alguna persona que lleva la misma sobre sus hombros, de manera que tras la renuncia o muerte de éste, la institución languidece hasta desaparecer.

El Instituto de Estudios Hostosianos no es excepción. Se fundó en el 1989 gracias a la iniciativa del Comité que se constituyó algunos años antes, bajo la presidencia de Manolín Maldonado Denis, para conmemorar el Sequicentenario (150 aniversario) del natalicio de Eugenio María Hostos. Manolín se encontraba entonces en una época fecundísima y con vientos propicios. Toda la gestión que capitaneó tuvo un éxito deslumbrante. Bien acogido por la administración universitaria de turno, Fernando Agrait en la Presidencia y Fernández en la Rectoría de UPR-Río Piedras, se procedió a la creación de la Cátedra de Honor Hostos y del Instituto de Estudios Hostosianos (IEH). Providencial resultó ser, a estos propósitos, el regreso a Puerto Rico de Julio César López, que pasó a ser el director, por excelencia, del IEH. Sin embargo, tras la muerte de Manolín, se sucede la renuncia de Julio César a la dirección del IEH. La administración universitaria cambió también, pero por fortuna, el rector González Tejera mantuvo su apoyo franco y decidido al IEH.

A principios del 1994, y gracias a la insistencia de José Ferrer Canales y el apoyo de Julio César, fui nombrado director del IEH. Acepté la encomienda con reservas pues me encontraba entonces a gusto con la dirección de la Revista EXÉGESIS. Pero dado mi amor por Hostos y por el IEH, la dirección del mismo era para mí algo así como la cumbre de mis aspiraciones profesionales. Siempre pensé que mi gestión sería temporal, de modo que me las arreglé para mantener un pie en UPR-Humacao con un curso ad honorem y como miembro de la Junta Editora de EXÉGESIS. Las tareas del IEH eran absorbentes. A pesar de mi apoyo y aprecio por Julio César, me encontré, al asumir la dirección, y tras evaluar los planes y los métodos, con la necesidad de hacer cambios. Julio no apoyó los cambios. Tuve que enfrentar una resistencia muy fuerte que me obligó a renunciar al iniciarse el 1995. Debo reconocer, no obstante, que tanto Ferrer Canales como el rector González Tejera me apoyaron, al extremo de que este último asistió a una reunión de la Junta Asesora del IEH para pedirme que retirara mi renuncia.

He de decir que cuando mencioné la necesidad de hacer cambios no quise implicar que me proponía virar al revés los planes de Julio. Sólo hice enmiendas al proyecto, como añadir un tomo dedicado a la idea matriz de Hostos de la Confederación de las Antillas y otro a La idea de América. Además, era necesario modernizar la gestión editora con equipo y métodos que permitiera digitalizarlo todo y completar el propósito de publicar las obras en el término de una vida útil.

El IEH tenía asignado los fondos para su funcionamiento administrativo, pero no para publicar las obras. La publicación como tal estaba en manos de la Editorial Universitaria, y el costo de cada tomo provenía de asignaciones legislativas que era menester gestionar cada año. Yo tuve la suerte de conseguir el apoyo del ex gobernador Luis A Ferré en los tiempos que presidía el Senado Rexach Benítez (PNP). Recordemos que hasta la estatua de Ferré lleva en sus manos la Moral social de Eugenio María de Hostos. Mi paso por la dirección del IEH, a pesar de los intentos posteriores borrarla y atenuarla, no pudo hacerse del todo. Cualquiera puede ver cuando comienzan a incorporarse en la tapa y en los créditos de los libros el logo del IEH, que editaba y preparaba los libros, pero que antes de 1994 estaba ausente.

Tras la muerte de Julio César, que se reincorporó al IEH tras mi renuncia, aunque ya no como director, la edición de obras y la publicación de nuevos tomos se suspendió. La nueva administración universitaria, hasta la de ayer, bajo la presidencia de Antonio García Padilla, marginó al IEH y a Hostos. El IEH no pudo hacerle frente ni revertir esa tendencia. Hostos quedó reducido, en la práctica, a la conmemoración del natalicio.

Desde el 2002 pedimos desde artículos publicados en Diálogo que la UPR conmemorara oficialmente el centenario de la muerte de Hostos el once de agosto de 2003. Nunca respondió García Padilla, ni la rectoría de Río Piedras, ni el IEH. De modo que la Revista EXÉGESIS asumió el encargo. Más tarde se creó en Mayagüez un Comité a esos propósitos, y sin reservas de clase alguna, armonizamos y cooperamos entre nos. García Padilla se negó a hacer aportación alguna, concentrada en celebrar, sin Hostos, el coincidente centenario de la UPR.

La pasada administración universitaria, puesto ya el pie en el estribo, anunció el cierre del IEH. Sus funciones fueron transferidas a la Facultad de Humanidades. La Cátedra de Honor Hostos del presente año no se concedió a pesar de las recomendaciones del comité. La UPR se traiciona a sí misma con estas acciones. Puesto que Hostos es el puertorriqueño más grande de todos los tiempos, su degradación y exilio es la negación del principio rector de la universidad y de su razón de ser. Cuba invierte todo en Martí. Venezuela en Bolívar. México en Benito Juárez. España en el Cid, y así, cada tierra, en las figuras históricas que se constituyen en fortaleza de los pueblos. Puerto Rico, por el contrario, se niega a sí mismo, y la administración universitaria, ciega, lo reniega. Hostos tiene mucho que hacer aún por esta tierra.

¡Protestemos!

* Director Revista EXÉGESIS
UPR-Humacao, Puerto Rico 00791-4300

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Militar español muerto en Afaganistán


Un militar ha muerto y otros seis han resultado heridos en un atentado contra un convoy español en Afganistán a su paso por la localidad de Sang Atesh, según ha informado el Ministerio de Defensa.

Y menos mal que no es una guerra, allí estamos de vacaciones, aparte de por placer.
Si tuvieran algo de lo que hay que tener los titiriteros, en el próximo evento de Los Goya, protestarían al igual que hicieron con lo de Irak.
Pero morder la mano que te da de comer...cuesta. Y desde luego las subvenciones al cine español...tapan muchas bocas.
En el fondo y en la forma...TODOS...unos vendidos.
Fuente:Un convoy español sufre un atentado al explotar una mina anticarro en Afganistán

Un soldado español muerto y seis heridos en un ataque en Afganistán