Sunday, November 29, 2009

Danzas Panameña

En torno a la danza clásica en Panamá, ha tenido sus altas y bajas dado a muchas razones; pero lo importante es que se ha sabido mantener, logrando llevar al escenario verdaderas obras de la danza universal.
Existen personas del sexo masculino que, a pesar de los tabúes de la sociedad panameña, supieron vencer los mismos, hasta alcanzar desarrollarse y dar a conocer su arte dentro y fuera de las fronteras de este país; algunos de ellos son: Carlos Díaz, Abdiel Castro, Bayardo González, Jaime Guillén, Eduardo Mata, Johny Reyes, Julio Cisneros, Horacio Herrera, Julio Araúz, Alberto González y Armando Villamil, entre otros.
Panamá cuenta con una cantidad razonable de escuelas privadas, donde se imparten clases de danza clásica, entre otras variantes, notándose el claro y gran interés que tienen las personas por conocer este arte. Además, existe la Escuela Nacional de Danzas, la cual inicia sus labores en 1948, al ser creada por el Gobierno Nacional de Don Enrique A. Jiménez.
Hay una persona que a pesar de no ser panameña, a quien no puede dejar por fuera, nos referimos a Dame Margot Fonteyn, nació en Inglaterra, se convirtió en la bailarina má s famosa en la historia de la danza y murió, en Panamá, el 21 de febrero de 1991.


Ella, al igual que muchas mujeres panameñas, han dejado huellas firmes para continuar desarrollando en nuestro país el arte de la danza clásica. Entre las principales danzas que se practican en Panamá tenemos:

Gran Diablo: Manifiesta la lucha de ultratumba entre el bien y el mal, representados en las figuras del Ángel San Miguel y el Diablo, respectivamente.
La Pajarilla: Es cultivada por los habitantes de San José de Las Tablas. Constituye una de las fiestas de Corpus.
Montezuma: Es un acto que ha tenido vigencia en las poblaciones de Azuero, en especial en La Villa de Los Santos; la misma tiene dos estilos: Montezuma Española y Montezuma Cabezona.
El Torito: Danza célebre y alegre, comienza en la madrugada cuando el público y danzantes van en busca del "torito", en las afueras de la población. El torito está formado por-varitas muy livianas, forradas en tela; sobre este forro colocan objetos de papel, cintas, espejitos y rosetas; una cabeza de toro hecha con alambre de paño, además de pasta, y una cola de trapo, completan el cuerpo del animal. Uno de los bailarines lo carga sobre sus hombros y lo maneja diestramente, correteando a los espectadores durante el baile.
Otras danzas es la de los Cucuas, Diablos Sucios y Diablos de Espejos, entre otras.

Historia Musical Panameña


En Panamá, la música puede incluir como parte de su folclore, la cual se desarrolla, principalmente, en las provincias centrales (Coclé, Herrera, Los Santos y Veraguas).
Son expresiones folclóricas la música típica, los vestidos, bailes, instrumentos, objetos artísticos, leyendas, costumbres y las comidas.
La música folclórica está unida a la poesía y a los bailes populares, ésta ha sido, en muchos casos, la fuente de inspiración de la música culta.
En la música folclórica distinguimos la música vocal, como la saloma, el tamborito, tuna y mejorana, y la música instrumental, como la mejorana, el punto, cumbia y otros.
Hemos querido presentarles información que conocemos un poco el desarrollo de la música panameña, pasando desde los indios que poblaron el Istmo hasta la música popular y al resaltar los grandes valores que han hecho historia, en cuanto a música se refiere.
Música de los Panameños Primitivos
Es muy poco lo que se conoce de la música de los indios que poblaron el Istmo, antes de la llegada de los españoles. Los instrumentos más antiguos que se conocen son, posiblemente, la gran variedad de ocarinas que han sido encontradas en Chiriquí y que pueden ser vistas en el museo. Ellas están hechas de barro cocido, tienen variadas formas y están decoradas con dibujos policromos. Sus aberturas varían en número (de dos a cuatro) y por ellas se deducen que emitían cinco sonidos.




Los indios actuales, que conservan muchas de sus costumbres, pueblan las regiones de Chiriquí, parte de Veraguas y Bocas del Toro, San Blas y parte de Darién.
Aspecto Popular
La música popular en Panamá presenta no sólo los elementos iniciales, sino la influencia de los pueblos cercanos (Cuba, Colombia) que han dejado su sello en piezas inmortales tales como boleros (Panamá Viejo), pasillos (Panamá y Colombia) y danzas (La Reina Roja, más conocida como Pescao).
Entre los compositores que más obras de arraigo popular nos han dejado, tenemos a Alberto Galimany, Ricardo Fábrega, Máximo Arrate Boza, Vicente Gómez y Víctor Cavalli.
Grandes Valores
Entre los grandes valores de la música en Panamá, cuyo legado será una huella imborrable, están figuras de la talla de: Roque Cordero, Jaime Ingram, Eduardo Chanpertier hijo, Damian Carles y Priscilla Filos.
Al dar un vistazo al panorama musical panameño, es justo mencionar a Gonzalo Brenes, por su labor en la composición de la música dedicada a la niñez y a la adolescencia, con temas inspirados en nuestro folclore y con letras de poetas panameños.
También es bueno recordar a Alberto Galimany, por sus pasillos, marchas, himnos escolares, y a Ricardo Fábrega, por sus boleros y canciones. Para pretender el desarrollo de la buena música en Panamá, es necesario intensificar la enseñanza de ésta en las escuelas, pues el gusto por la nueva música es algo que tiene que ser cultivado. Para esto es indispensable contar con el número suficiente de educadores de ésta especialidad, el equipo necesario para dictar las clases y las facilidades para la formación de coros o conjuntos musicales.

Pintura panameña

Con el correr de la historia republicana, Panamá ha logrado calar, a través de las artes, un importante sitial, no solamente a nivel nacional, sino, también internacional. Desde que este país se consolida como república libre e independiente, el 3 de noviembre de 1903, se dan ya para entonces las primeras manifestaciones artísticas en el ámbito de la pintura.

Dado el legado dejado por los españoles y colombianos, cuando formamos parte de ellos, los conocimientos en la pintura fueron absorbidos por los istmeños de una forma rica y variada; esto sin agregar la influencia ejercida por el constante paso de razas en el Istmo panameño.

Panamá cuenta con grandes maestros de la plástica, quienes al utilizar la acuarela, pastel, óleo, acrílico o cualquier otro género de la pintura, han sido y son, considerados, además de respetados, como valuartes, lo que indica que en Panamá hay talento de una alta calidad, cuyos dotes no tienen nada que pedir a los demás países del globo.

Pintores de la calidad de Roberto Lewis, cuyas obras podemos apreciar en los frescos pintados en los techos y paredes del Palacio de las Garzas y Teatro Nacional, fueron, entre otros, imitados por seguidores o admiradores de estas destrezas, creando sus propios estilos y combinaciones de expresión artística, por lo que surgen técnicas nuevas entrelazadas con los estilos antiguos. También así se originan nuevos pintores, cuyas obras podemos admirar de manera constante en museos y galerías del país.


Entre algunos de estos maestros de las artes plásticas, podemos mencionar al abstraccionista Alfredo Sinclair, quien en 1950 presenta su primera exposición individual, señalando, por así decirlo, el inicio de la pintura contemporánea en Panamá.


Como consecuencia de la presencia de Sinclair, la siguiente década marca un efervescente movimiento artístico que culmina con la participación de Guillermo Trujillo, en la V Bienal de Sao Paulo, en 1959, donde recibe una mención de honor por su muestra.


Entre esta generación de artistas, que sobresale en sus primeras exposiciones por los años 50 y 59, están: Carlos Arboleda, Mario Calvit, Adriano Herrera y Alberto Dutary, incluyendo a Manuel Chong Neto y Julio Zachrisson, quienes alcanzaron fama en las décadas de los 60, presentando sus, primeras obras en 1959. Este dinámico grupo se lanza a la reinvención de la realidad, mediante el uso de recursos plásticos asimilados inicilamente en la Escuela Nacional de Bellas Artes y plenamente dominados en academias de México, Buenos Aires, Estados Unidos, Francia y principalmente, España. Al finalizar la década, todos presentan estilos ya definidos que, a pesar de los naturales cambios producidos por el paso del tiempo, permanecen únicos hasta el día de hoy.

Alfredo Sinclair, trabajando el óleo y el collage, elabora un estilo pictórico basado en el color como elemento expresivo. Sus obras causan verdadero impacto en ambiente aún habituado a la pintura académica.

Guillermo Trujillo, cuyas primeras obras en acuarelas y óleo se orientan al realismo descriptivo; encontramos en estas obras un paisaje compuesto por hombres y mujeres nómadas en directa interacción con la tierra, flora y fauna.